Tras saludar a una persona con la que te has cruzado por la calle, hay una transición entre nuestro rostro sonriente y amable -producto de la interacción social- y el de stand by. Es algo así como un fundido de salida, un momento de metamorfosis totalmente ridículo; ya que mientras vuelves a tu rostro insustancial por defecto, te ves a ti mismo sonriéndole a la nada, como la gente que habla sola por la calle o la que usa manos libres.
Curiosa entrada en Teorías del absurdo.
Publicar un comentario en la entrada